Tu hijo tira un juguete, pinta en la pared o le pega a su hermano pequeño. No quieres gritar y mucho menos pegar, pero tampoco puedes hacer como si no hubiera pasado nada. Muchos padres se quedan atascados justo aquí: si el castigo queda descartado, ¿cómo le enseñas algo a tu hijo? Este artículo propone formas de mantener las normas en casa sin gritos ni golpes.
Disciplinar es enseñar, no hacer daño
El objetivo de la disciplina es que tu hijo haga algo distinto la próxima vez. Un castigo severo puede detenerlo en el momento, pero a menudo no consigue enseñar esto:
- Los niños aprenden a que no los descubran, en lugar de aprender a hacer lo correcto. Pueden esconder cosas, mentir o portarse bien solo cuando tú los miras.
- Recuerdan más el miedo que la lección. Cuando un niño está asustado o alterado, le cuesta pensar en lo que hizo mal.
- Copian cómo manejan los adultos el enfado. Si los padres gritan o pegan cuando se enfadan, es más probable que los niños hagan lo mismo con sus amigos y hermanos.
Dejar el castigo no significa dejar las normas. Tu hijo sigue necesitando saber dónde están los límites. Lo único que cambia es la forma de sostenerlos.
Pocas normas, dichas con antelación y formuladas como lo que hay que hacer
La mayor parte de la disciplina ocurre antes de que algo salga mal.
- Pocas normas: tres o cuatro que importen de verdad, como "cuidamos de nosotros y de los demás", "recogemos después de jugar" y "dentro de casa usamos una voz suave".
- Di lo que hay que hacer: "Dibujamos en papel" es más fácil de cumplir que "No dibujes en la pared".
- Avisa de antemano qué pasará: "Si un juguete se tira, se queda en la estantería hasta mañana". Cuando los niños lo saben de antemano, el resultado no les parece repentino ni injusto.
- Con los más pequeños, puedes dibujar las normas como imágenes y pegarlas donde las vean a menudo.
Consecuencias ligadas a lo que hizo tu hijo
Cuando tu hijo aun así rompe una norma, sustituye el castigo por una consecuencia: algo que se desprende directamente de lo que acaba de hacer, adecuado a su edad y dicho en un tono de voz normal.
| Lo que hizo tu hijo | Castigo sin relación | Consecuencia relacionada |
|---|---|---|
| Tiró un juguete | Reprimenda y sin dibujos animados | Ese juguete se queda en la estantería hasta mañana |
| Pintó en la pared | Un cachete en la mano | Limpia las marcas contigo |
| No quiere recoger los juguetes | Gritos y la amenaza de tirar los juguetes | Los juguetes sin recoger esperan; se sigue jugando cuando recoja la primera tanda |
| Derramó agua haciendo el tonto | Regañado por ser "tan torpe" | Coge un trapo y lo seca |
| Le pegó a su hermano por un juguete | Pegarle de vuelta "para que sepa cómo se siente" | Se separa a los dos un momento; después tu hijo pregunta a su hermano si está bien y buscáis juntos cómo organizar los turnos |
| Se pasó del tiempo de pantalla acordado | Un mes sin pantallas | El tiempo de mañana se acorta justo en los minutos de más |
Una buena consecuencia suele tener tres cosas: está ligada a lo que acaba de pasar, no avergüenza a tu hijo y no es más pesada de lo necesario para que lo recuerde.
Deja que tu hijo repare lo ocurrido
En muchas situaciones, la mejor forma de enseñar es dejar que tu hijo repare el daño:
- ¿Tiró la torre de un amigo? Que le ayude a construirla de nuevo.
- ¿Dijo algo que disgustó a su hermano? Que le pregunte qué le ayudaría a sentirse mejor.
- ¿Desordenó el salón? Que lo recoja, con tu ayuda si es pequeño.
Reparar muestra a los niños que pueden hacer algo bueno después de un error, en lugar de verse solo como malos. No fuerces un "lo siento" mientras siga enfadado; espera a que se calme y luego piensen juntos cómo arreglarlo.
Constancia y calma
Las normas solo funcionan cuando se mantienen con regularidad.
- Igual todas las veces. Si hoy se deja pasar algo y mañana se castiga con dureza, a tu hijo le cuesta saber cuál es la norma de verdad.
- Los adultos de casa están de acuerdo entre sí. Hablen a solas si todavía no lo están, y no discutan delante de tu hijo.
- Pocas palabras. Di la consecuencia una vez y cúmplela; no hace falta un sermón largo.
- Si estás demasiado enfadado, aplaza: "Estoy enfadado. Hablamos de esto dentro de diez minutos". Aplazar no es dejarlo pasar.
- Después, reconecta: un abrazo, o "Te sigo queriendo. Solo que no estoy de acuerdo con lo que hiciste".
Si tu hijo hace daño a otros con frecuencia, o si estos enfoques no ayudan pasado un tiempo, habla con su profesor o con un profesional para encontrar lo que mejor le conviene.
En resumen
- Disciplinar es enseñar a tu hijo a actuar de otra manera la próxima vez, sin hacerle daño ni darle miedo.
- Pocas normas, dichas como lo que hay que hacer, y avisando de antemano qué pasará.
- Sustituye el castigo por consecuencias ligadas a lo que hizo tu hijo, y deja que repare lo que causó.
- Mantén las normas con constancia, usa pocas palabras, conserva la calma y reconecta con tu hijo después.
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