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¿Necesita mi hijo clases extra? Qué valorar antes de apuntarlo

A la izquierda, un reloj amarillo. En el centro, una balanza equilibrada con dos libros apilados en un plato y una bola verde en el otro. A la derecha, un niño junto a un globo de diálogo con un corazón.

Al empezar el curso, el grupo de chat de padres de la clase se llena de conversaciones sobre clases extra: refuerzo de mates, inglés, dibujo, natación. Pasado un tiempo, es difícil no preocuparse: si mi hijo no va, ¿se quedará atrás?

Las clases extra no son buenas ni malas en sí mismas. Algunas ayudan mucho a un niño; otras sobre todo lo dejan cansado. Este artículo propone cinco cosas que valorar antes de apuntarlo, para que la decisión se base en tu hijo y no en lo que hacen otras familias.

¿Para qué sería la clase?

La primera pregunta no es "cuál es la mejor clase", sino "para qué serviría esta clase". Distintos motivos llevan a decisiones muy distintas.

Motivo Pregunta que puedes hacerte
Tu hijo tiene dificultades para seguir el ritmo del colegio ¿En qué parte exactamente? ¿Qué dice su maestra?
Tu hijo va bien y podría llegar más lejos ¿Lo quiere él o lo quieres tú?
A tu hijo le encanta algo como el dibujo, la natación o la música ¿Lo ha pedido más de una vez?
Necesitas un sitio donde esté tu hijo después del colegio ¿Hay una opción de cuidado más tranquila?

Prueba a escribir el motivo en una sola frase. Si no puedes, o la respuesta sincera es "porque todos sus amigos van", conviene esperar un poco y observar primero a tu hijo.

¿Cuántas horas libres quedan en la semana?

Coge una hoja, dibuja siete columnas para los siete días y sombrea las horas que ya están ocupadas: colegio, trayectos, comidas, sueño, deberes. Lo que queda es el tiempo que tu hijo tiene para jugar, descansar y estar con la familia.

Los niños necesitan ese tiempo libre. En el juego libre inventan juegos, aprenden a aguantar el aburrimiento y resuelven solos las discusiones con los amigos. En los momentos tranquilos tienen espacio para soñar despiertos. Una clase se come varias de esas horas, más el tiempo de ir y volver.

Algunas señales de que el horario puede estar demasiado lleno:

  • Tu hijo suele estar cansado o de mal humor los días de clase.
  • Ya no queda ni una tarde dedicada solo a jugar.
  • La cena y la hora de dormir se retrasan cada vez más por culpa de las clases.
  • Tu hijo habla de una clase sin ninguna ilusión o intenta librarse de ir.

Cada niño soporta un ritmo distinto. A algunos les encanta tener la agenda llena; otros necesitan mucho tiempo tranquilo. Fijarte en tu propio hijo te dice más que contar las clases de otras familias.

Pregúntale a tu hijo qué piensa

Incluso los niños de cinco o seis años tienen opinión sobre esto. Hazle preguntas abiertas que no delaten la respuesta que esperas:

  • "¿Hay algo que te gustaría aprender fuera del colegio? ¿Por qué?"
  • "Si tuvieras una tarde libre más, ¿qué harías con ella?"
  • "¿Qué es lo que más te cuesta en el colegio?"

Las respuestas pueden sorprenderte. El niño que creías que necesitaba refuerzo de mates quizá te diga que solo se atasca con los problemas con enunciado, algo que podéis practicar en casa. El que estabas seguro de que disfrutaría dibujando quizá prefiera aprender a nadar con un amigo.

No siempre harás exactamente lo que diga tu hijo. Pero los niños a quienes se les pregunta suelen colaborar más y, si empiezan una clase, saben por qué van.

Prueba primero algo más ligero

Una clase no suele ser la única vía. Antes de apuntarlo, puedes probar:

  • Hablar con la maestra. Ve a tu hijo aprender todos los días, sabe dónde están las lagunas y puede sugerirte cómo ayudar en casa.
  • Quince minutos al día juntos. Un juego de contar, un puzle, un libro leído en voz alta. Corto y constante suele funcionar mejor que una sesión larga a la semana.
  • Actividades que no necesitan clase. Para más ejercicio, paseos o bicicleta el fin de semana. Para dibujar, deja papel y lápices en un rincón de la casa.
  • Prueba antes de comprar. Si tu hijo quiere probar un instrumento o un deporte, busca una clase de prueba o pide prestado el material antes de pagar todo un trimestre.

Dale unas semanas y vuelve a mirar. Si tu hijo avanza, puede que no necesites ninguna clase. Si sigue teniendo dificultades, ahora sabes con mucha más claridad dónde necesita ayuda.

Si sigues adelante, cómo elegir

Cuando hayas decidido apuntarlo a una clase, algunas cosas te ayudarán a elegir bien:

  • Grupos pequeños, donde el profesor conozca el nombre de cada niño y dónde se atasca.
  • Aprender a entender, no solo hacer muchas fichas. Pregunta cómo es una sesión típica.
  • Cerca de casa o de camino, para que los trayectos no se coman todo el tiempo libre.
  • Una o dos clases de prueba antes de pagar el curso entero.
  • Pocos deberes extra sumados a los del colegio.

Acordad con tu hijo un momento para hacer balance juntos, por ejemplo a las seis u ocho semanas: ¿lo disfruta?, ¿está agotado?, ¿avanza en lo que os habíais propuesto? Dejar una clase que no funciona no es rendirse. Es ajustar.

Si el objetivo es desarrollar el pensamiento más que adelantarse al programa, unos puzles cortos en casa son otra opción. En Dologi, los puzles giran en torno a comparar, descubrir patrones y razonar, y los niños juegan a su propio ritmo unos minutos al día, sin trayectos extra.

En resumen

  • Empieza por el motivo: ¿para qué serviría la clase? Si no puedes escribirlo en una frase, espera un poco.
  • Cuenta las horas libres de la semana de tu hijo. El juego libre y el descanso también importan.
  • Pregúntale a tu hijo y prueba opciones más ligeras antes de apuntarlo.
  • Si sigues adelante, elige un grupo pequeño, pide una clase de prueba y acordad cuándo haréis balance juntos.

Lee también: No compares a tu hijo con otros niños: cada uno crece a su ritmo y ¿Qué es el razonamiento matemático? En qué se diferencia de las matemáticas del colegio y si tu hijo necesita clases extra.