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Robots de juguete programables: ¿merece la pena comprarlos?

Un robot de juguete azul con ruedas y un signo de interrogación rojo encima, junto a una fila de tres tarjetas con flechas moradas que llevan a una bandera naranja.

En la juguetería, los robots programables suelen estar justo a la altura de los ojos: cuerpo redondo, ojazos y una caja que promete «enseñar a su hijo a programar». A la mayoría de los padres les encantaría ofrecer a sus hijos una puerta de entrada al funcionamiento de las máquinas, pero el precio no es pequeño, y todos hemos visto algún juguete caro quedarse mudo en un armario al cabo de unas semanas.

Este artículo no le va a recomendar ningún producto. Le ayudará a entender qué hacen realmente estos robots, a comprobar si a su hijo le gusta de verdad este tipo de juego y a hacerse las preguntas adecuadas antes de pagar.

Qué es un robot programable

Es un cochecito o un animalito que se mueve por el suelo y sigue una secuencia de órdenes que su hijo va montando: avanzar, girar a la izquierda, girar a la derecha, parar, hacer un sonido. Según el modelo, los niños dan las órdenes de distintas formas:

  • pulsando botones de flecha en el lomo del robot,
  • colocando en fila tarjetas o piezas de órdenes,
  • arrastrando bloques de órdenes en una tableta o un móvil.

Lo mejor de un robot es que su hijo ve cómo el programa se ejecuta de verdad. Tres pasos de ida, tres pasos de vuelta. Si un paso está mal, el robot gira donde no debe y choca con la pata de una silla, y su hijo sabe enseguida qué tiene que corregir.

Qué puede hacer un robot y qué no

Un robot es una manera de practicar el pensamiento computacional: dividir una tarea en pasos, ponerlos en el orden correcto, predecir el resultado y encontrar y corregir errores. Lo hace todo más vivo que el papel, sobre todo para los más pequeños, que aún no leen bien.

Pero un robot no enseña por sí solo. Conviene tener en cuenta algunas cosas:

  • El pensamiento está en cómo se juega, no en la caja. Pulsar botones al azar para que el robot dé vueltas es divertido, pero todavía no es programar. El aprendizaje empieza cuando hay una misión: llevar el robot hasta la bandera, rodear la taza.
  • Se puede practicar el mismo pensamiento sin ninguna máquina. Tarjetas de flechas dibujadas a mano, un cochecito empujado según las órdenes o el juego del robot humano entrenan exactamente los mismos pasos.
  • Jugar acompañados de un adulto sigue siendo lo más importante, sobre todo al principio: proponer una misión, preguntar «¿dónde crees que se va a parar?» y mantener la calma cuando el programa sale mal.

Pruébelo antes con juegos sin pantalla

Antes de comprar, juegue una o dos semanas con lo que ya tiene en casa:

  1. Marque con cinta adhesiva una cuadrícula en el suelo, con casillas de más o menos un paso de ancho.
  2. Recorte unas cuantas tarjetas de papel y dibuje en ellas flechas para avanzar, girar a la izquierda y girar a la derecha.
  3. Ponga un cochecito de juguete en una casilla y un objeto como meta en otra.
  4. Su hijo coloca las tarjetas en fila y usted empuja el coche exactamente como dicen, incluso cuando alguna tarjeta está mal.

Después de unas cuantas rondas, fíjese: ¿su hijo pide volver a jugar, quiere misiones más difíciles, disfruta buscando el error? Si es así, un robot es un siguiente paso razonable. Si ya se aburre en la segunda sesión, quizá todavía no sea el momento, y habrá ahorrado dinero.

Preguntas antes de comprar

Pregunta Por qué importa
¿Qué le gusta a su hijo? Un niño al que le encantan los vehículos, los animales o los cuentos jugará más tiempo con un robot que encaje con ese interés
¿Es adecuado para su edad? Entre los 4 y los 6 años suelen funcionar bien los botones y las tarjetas; los mayores pueden usar bloques de órdenes en una pantalla. Cada niño es distinto, así que fíjese en cómo se maneja más que en el número de la caja
¿Durará? Un robot con varios niveles de dificultad, más de una forma de controlarlo y espacio para nuevos retos crece con su hijo
¿Necesita una aplicación, una cuenta o internet? Si es así, compruebe si la aplicación muestra anuncios, empuja a hacer compras dentro de la app o recoge información sobre su hijo
¿Es seguro y resistente? Piezas pequeñas si su hijo aún se lo lleva todo a la boca, tapa de pilas atornillada y si aguanta una caída al suelo
¿Cuántos pueden jugar a la vez? Un robot para dos hermanos necesita una regla de turnos o juegos que toda la familia resuelva en conjunto

No existe el robot «mejor» para todos los niños. El adecuado es el que su hijo todavía quiere sacar al cabo de un mes.

Cuando ya lo tenga, mantenga el interés

  • Ponga siempre una misión. Entregar una carta en la cocina, rodear un cojín, aparcar en un «garaje» hecho con una caja de cartón.
  • Prediga antes de ejecutar. Cuando su hijo haya puesto las órdenes, todos adivinan dónde se parará el robot y solo entonces se pulsa el botón de inicio.
  • Cambien los papeles. Su hijo le propone una misión para que usted la resuelva y esconde un error a propósito para que usted lo encuentre.
  • Anoten los programas con tarjetas. Copie un buen programa en papel para poder repetirlo o mejorarlo la próxima vez.
  • Recojan después de cada sesión y carguen la batería, para que esté listo la próxima vez.

Para los ratos en que no haya un robot a mano, Dologi tiene acertijos de «Conduce el coche»: su hijo coloca una fila de movimientos para que el coche recoja todas las estrellas sin chocar con una pared. El mismo pensamiento, en pantalla y sin comprar nada más.

En resumen

  • Los robots programables permiten a los niños ver un programa en marcha y corregir los errores al momento, pero el pensamiento viene de cómo se juega, no de la caja.
  • Pruebe antes una o dos semanas con tarjetas de flechas y un cochecito; piense en comprar solo si su hijo sigue con ganas.
  • Antes de comprar, compruebe si el robot encaja con los intereses y la edad de su hijo, si durará y si la aplicación muestra anuncios o recoge información.
  • Cuando ya lo tenga, ponga siempre una misión, prediga antes de ejecutar y jueguen juntos.

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