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Enseñar a los niños a reconocer emociones: nombrar la alegría, la tristeza, el enfado y el miedo

Tres caras, una alegre, una triste y una sorprendida.

Un niño que lanza un juguete al otro lado de la habitación quizá todavía no tiene las palabras para decir "me da rabia que la torre no deje de caerse". Reconocer una emoción, en uno mismo o en otra persona, y ponerle nombre es una habilidad y, como cualquier habilidad, se aprende poco a poco. La buena noticia: los momentos cotidianos ofrecen mucha práctica.

Por qué importan las palabras para las emociones

  • Las palabras pueden sustituir a los actos. Un niño que puede decir "estoy enfadado" tiene otra opción además de gritar o pegar.
  • Nombrar es el primer paso para calmarse. Cuesta manejar algo que no se puede describir.
  • Ayuda con los amigos. Darse cuenta de que un amigo está triste es donde empieza la amabilidad.
  • Facilita pedir ayuda. "Me da miedo la oscuridad" es algo a lo que un adulto puede responder.

Empezar con cuatro emociones

Cuatro emociones son un buen punto de partida, porque los niños las viven pronto y a menudo.

Emoción Pistas en la cara Pistas en el cuerpo Cuándo puede aparecer
Alegría Sonrisa, ojos brillantes Saltarín, relajado Jugando con un amigo
Tristeza Comisuras hacia abajo, lágrimas Lento, encorvado Se rompe un juguete
Enfado Ceño fruncido, labios apretados Puños cerrados, pisotones Alguien se cuela en su turno
Miedo Ojos muy abiertos, cejas levantadas Quedarse quieto, esconderse, agarrarse Un ruido fuerte por la noche

Hable de las pistas, no solo de los nombres: "¿Cómo sabemos que este personaje está triste? Mira la boca."

Ampliar el vocabulario emocional

A medida que crecen, más palabras les ayudan a decir exactamente lo que sienten. Una guía aproximada, porque cada niño es distinto:

  • Los más pequeños: contento, triste, enfadado, asustado, cansado.
  • Un poco mayores: emocionado, orgulloso, preocupado, aburrido, frustrado, avergonzado.
  • Los mayores: decepcionado, celoso, nervioso, aliviado, y la idea de que dos emociones pueden estar a la vez ("estoy emocionado y nervioso por la nueva clase").

Los mayores también pueden hablar del tamaño: un poco molesto no es lo mismo que furioso.

Juegos para identificar emociones

  1. Adivina mi cara. Por turnos, ponga una cara para una emoción y el otro adivina. Luego se cambian los papeles.
  2. Espejito, espejito. Siéntense juntos ante un espejo y pongan cara de alegría y luego de miedo. ¿Qué cambia? ¿Las cejas, la boca?
  3. Pausa en el cuento. Mientras leen, paren y pregunten: "¿Cómo crees que se siente el personaje ahora? ¿Cómo lo sabes? ¿Qué harías tú?"
  4. Parejas de emociones. Dibujen caras sencillas en tarjetas de papel, dos de cada emoción. Pónganlas boca abajo y jueguen a encontrar parejas, diciendo el nombre de la emoción en cada pareja encontrada.
  5. Termómetro de emociones. Dibujen un termómetro del 1 al 5. "¿Cómo de grande es tu preocupación hoy? ¿Un 2 o un 4?"
  6. Actuarlo. Representen una emoción solo con el cuerpo, sin la cara: pisotones, hombros caídos, saltos de alegría.

Hábitos diarios que ayudan

  • Nombre en voz alta sus propias emociones. "Qué decepción, el parque está cerrado. Voy a respirar hondo y pensar en otra cosa."
  • Nombre las emociones de su hijo sin juzgar. "Parece que te ha dado mucha rabia. Se te ha caído la torre." Nombrar no es estar de acuerdo con lo que hizo después.
  • Todas las emociones valen; no todos los actos. "Está bien sentirse enfadado. No está bien pegar. Puedes dar pisotones o apretar un cojín."
  • Ofrecer una forma de calmarse. Después de nombrar la emoción: un abrazo, unas respiraciones lentas, un rincón tranquilo, un vaso de agua.
  • No correr a arreglarlo. A veces escuchar y nombrar es suficiente. "Suena muy decepcionante."

Lo que no suele ayudar

  • "No llores", "No seas tonto" o "No pasa nada" le dicen al niño que la emoción está mal, no que se puede manejar.
  • Reírse de una emoción, aunque sea con cariño, puede hacer que la próxima vez la comparta menos.
  • Etiquetas como "llorón" o "miedica" se pegan al niño en lugar de al momento.

Cuándo pedir consejo

Todos los niños tienen emociones intensas, y aprender a manejarlas lleva años. Si las emociones fuertes parecen aparecer muy a menudo, duran mucho o dificultan la vida diaria en casa o en el colegio, vale la pena hablarlo con el pediatra, el docente u otro profesional que pueda ver el panorama completo.

En Dologi, los acertijos de "Une las parejas" incluyen una versión en la que se unen caras que muestran la misma emoción, una pequeña forma de practicar a leer caras.

En resumen

  • Reconocer y nombrar emociones es una habilidad que se aprende poco a poco.
  • Empiece con alegría, tristeza, enfado y miedo, y hable de las pistas en la cara y el cuerpo.
  • Juegos como adivinar caras, la pausa en el cuento y las parejas de emociones hacen divertida la práctica.
  • Nombre sus emociones y las de su hijo, acepte todas las emociones y ponga límites a los actos.

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